Para mucha gente, Asia es destino de viajeros en busca de aventuras o de parejas de luna de miel en Asia. Y luego está la realidad: es uno de los continentes que mejor funciona para viajar en familia.
Lo decimos porque lo vivimos. Como especialistas en viajes a Asia, llevamos años diseñando rutas a medida para familias, recorriéndolas nosotros mismos y ajustándolas hasta que encajan con niños, abuelos y adolescentes en el mismo viaje.
Templos que parecen sacados de una película, elefantes cruzando la carretera, trenes bala, mercados de comida y playas de arena blanca y aguas cristalinas. Asia tiene algo que cautiva a los niños y despierta al viajero que todos llevamos dentro, también a los padres.
Os presentamos cinco viajes que diseñamos de principio a fin para cinco familias distintas. Ninguno se parece al anterior, porque ninguna familia se parece a otra. Estas son las rutas.
1. Sri Lanka y Maldivas: elefantes, safaris y un final en el Índico
Si tuviéramos que recomendar un único destino para una primera gran aventura familiar en Asia, sería Sri Lanka. Distancias cortas, fauna por todas partes, cultura milenaria y, de remate, las playas más increíbles de las Maldivas.
En Pinnawela los niños no ven elefantes: les dan de comer. En el orfanato más antiguo y grande de Asia se acercan a la hora del baño en el río y los ven pasar a escasos centímetros, protegidos por una valla.
Luego está la fauna salvaje de verdad: diseñamos dos safaris en jeep, uno en el Parque Nacional de Minneriya, con sus manadas de elefantes, y otro en Yala, donde —si el leopardo quiere dejarse ver— uno entiende por qué se considera uno de los mejores parques de Asia para avistarlo.
Entre medias, la roca-fortaleza de Sigiriya, las cuevas budistas de Dambulla y uno de los trayectos en tren más bonitos del mundo, de Nuwara Eliya a Ella, entre plantaciones de té que parecen pintadas. Y para los más atrevidos, una tirolina sobre el valle de Ella.

El viaje termina donde toca terminar: en las Maldivas. Lo hicimos en una isla local del atolón de Vaavu, con playas de arena blanca y corales casi en la orilla, para que el broche fuera de playa y snorkel sin que el presupuesto se disparara.

Pero también se puede hacer a lo grande, en un resort especializado en familias como Soneva Fushi, donde el club infantil ocupa una isla entera dentro de la isla: piscina con tobogán propio, sala de Lego, taller de manualidades y excursiones para avistar delfines mientras los padres, por fin, desconectan de verdad. O como Kandima Maldives, con una de las piscinas más largas del país y un club infantil abierto de la mañana a la noche, ideal si viajáis con niños de edades muy distintas.
Es un combo que muchos asocian solo a la luna de miel. Funciona exactamente igual de bien en familia.
Cuándo ir: el sur y el triángulo cultural lucen de diciembre a abril; el verano es ideal para la costa este y el interior. Lo contamos al detalle en nuestro post sobre la mejor época para viajar a Sri Lanka.
Duración recomendada: 12-15 días.
2. Vietnam, Camboya y Singapur: aventura, sabores y templos en la jungla
Este es el viaje del «no paramos quietos». En Vietnam empezamos por el estómago: una ruta de tapeo a pie por el casco viejo de Hanói, taburete a taburete, por los pequeños puestos familiares que llevan generaciones perfeccionando la misma receta.
En Hanói no se cena en un restaurante: se cena por la calle. Y entre bocado y bocado, el teatro de marionetas de agua y un almuerzo en KOTO, una iniciativa social que forma a chavales sin recursos como cocineros.
El corazón del viaje es un crucero por la bahía de Lan Ha, la vecina tranquila de Halong: mismas montañas de karst saliendo del agua, pero sin la masificación. A bordo, kayak, clase de cocina y bicicletas para explorar la isla de Cat Ba.

Después, la ciudadela imperial de Hue, los faroles de Hoi An y el salto a Camboya para uno de esos momentos que no se olvidan: Angkor. Hue nos regala su ciudadela amurallada y un paseo en barco dragón por el río de los Perfumes; Hoi An, con sus farolillos de colores y sus calles coloniales, es de esos lugares donde toda la familia acaba paseando sin rumbo, sin ganas de irse. Ta Prohm devorado por las raíces, las caras de piedra del Bayón y, al fin, Angkor Wat. Se sale del recinto cansado, fascinado y casi con síndrome de Stendhal.
Cerramos en Singapur, y no como simple escala. Es el final futurista del viaje: una ciudad-estado donde conviven templos chinos, mezquitas, barrios indios y rascacielos imposibles. Al anochecer se encienden los superárboles de Gardens by the Bay, los niños alucinan ante la piscina infinita de Marina Bay y la cena puede recorrer cuatro culturas en un mismo puesto de comida. Un crisol que sabe a futuro y entretiene a cualquier edad.
Cuándo ir: marzo–abril y octubre–noviembre.
Duración recomendada: 12-14 días.
3. Japón: trenes bala, nieve y noche en un ryokan
Japón es el destino que más nos preguntan las familias con hijos algo mayores, y con razón: es seguro y ordenado, pero también fascinante y colorista, con una mezcla increíble de tradición y modernidad que, para un niño, se traduce en una sucesión de pequeñas maravillas.
Para empezar, el tren. Subir a un shinkansen es, para los peques, tan emocionante como el lugar al que les lleva. Con el Japan Rail Pass nos movimos de Tokio a Kanazawa, a Kioto y a Hakone deslizándonos a 300 por hora.
Esta familia viajó en enero, y la nieve lo cambió todo. Las casas de tejado empinado de Shirakawago, Patrimonio de la Humanidad, bajo un manto blanco, son una de esas estampas que se quedan para siempre.

En Kioto reservamos la experiencia que más recuerdan: una noche en un ryokan histórico, con baño termal privado, yukata y una cena kaiseki de 12 platillos de comida fascinante. Y la excursión a Nara, con sus ciervos paseando en libertad entre los templos: un imán para cualquier niño.
Y si viajáis con fans en casa, Japón guarda un as bajo la manga: sus parques temáticos. En los Universal Studios de Osaka, a un paso de Kioto, espera Super Nintendo World, con Mario corriendo en carne y hueso. Y cerca de Nagoya, el Ghibli Park convierte en realidad el universo de Totoro y El viaje de Chihiro para quien creció con esas películas. Los sumamos a la ruta cuando la familia lo pide: muchas veces es uno de los motivos más importantes del viaje.
Cuándo ir: primavera (cerezos) y otoño (arces) son los clásicos; el invierno regala nieve y onsen humeantes.
Duración recomendada: 11–12 días.
Llevamos años diseñando estos viajes sobre el terreno, no desde un folleto. Si alguno de estos destinos os ha hecho pensar «quiero estar ahí con los míos», escribidnos. Os contamos cómo llegar, cuándo ir y cómo combinarlo para que el viaje tenga sentido de verdad para toda la familia.
4. India del Sur: la cara amable y tranquila de la India
A las familias que sueñan con la India pero la temen un poco, les proponemos el sur: más verde, más pausado, más fácil y con más naturaleza salvaje. Kerala y Karnataka son la puerta de entrada perfecta.
Empezamos por la vitalidad de Mumbai —ruta gastronómica a pie, las cuevas de Elephanta en catamarán— y bajamos hacia Mysore, con su palacio iluminado al anochecer, que deja a los niños con la boca abierta, y sus mercados de flores aromáticas y café, un festival de olores y colores que hay que recorrer despacio.
Antes de embarcar hacia los backwaters, hacemos noche en Kochi, la puerta colonial de Kerala. Aquí conviven las redes de pesca chinas —esas siluetas que se recortan contra el atardecer y que llevan siglos faenando igual— con las callejuelas del antiguo barrio judío y, cada dos años, la Bienal de Arte de Kochi-Muziris, el mayor festival de arte contemporáneo de la India. Una ciudad que sorprende tanto a niños como a padres por su mezcla de historia y creatividad.
El gran momento llega en los backwaters de Kerala: una noche en casa flotante navegando entre cocoteros, arrozales y aldeas donde el tiempo se detuvo. Aquí no hay planes ni prisas: la contemplación de la naturaleza y el ritmo lento del barco nos transportan a otro tiempo, y eso, para una familia, es un lujo en sí mismo.

Y como contraste, el frescor de las montañas de Munnar, alfombradas de té hasta donde alcanza la vista. Por el camino, una clase de cocina keralí y una función de Kathakali, el teatro más colorido y expresivo de la India: maquillaje, música y gestos que hipnotizan a cualquier edad.
Cuándo ir: de noviembre a marzo (fuera del monzón). Los vuelos vía Abu Dhabi, con escalas cortas, lo hacen muy llevadero con niños.
Duración recomendada: 12–13 días.
5. China: la Gran Muralla en tobogán y las montañas de Avatar
Dejamos para el final el viaje que más sorprende. China con niños no es un viaje de museos: es un parque de atracciones a escala de civilización.
En la Gran Muralla de Mutianyu se sube en telesilla y se baja en tobogán. Para los niños, eso ya es el viaje entero. Y luego está Pekín de verdad: la Ciudad Prohibida, un paseo en rickshaw por los hutongs y pato laqueado para cenar.
El sur regala el crucero por el río Li, entre colinas kársticas que parecen tinta china sobre el agua, y la campiña de Yangshuo en bicicleta o tuk-tuk. Después, los pueblos colgados de Fenghuang y Furong, suspendidos sobre el río. En Fenghuang, con sus casas de palafito y su paseo nocturno en barco por el río Tuojiang, el tiempo parece haberse detenido bajo los farolillos encendidos.

Y el gran final: Zhangjiajie. El ascensor turístico más alto del mundo (335 metros en dos minutos, en cabinas transparentes), una tirolina sobre el cañón, el puente de cristal más grande del planeta y las pasarelas de vidrio del monte Tianmen. Adrenalina y vértigo en un paisaje irreal.
Y antes de cerrar el viaje, una sorpresa que pocas familias esperan: el valle de Wangxian, en Shangrao. Una antigua cantera abandonada convertida en un pueblo de fantasía, con casas colgadas de los acantilados y cascadas iluminadas al anochecer que parecen sacadas de una película de animación. De ahí ponemos rumbo a Shanghái, donde los rascacielos y el neón cierran el viaje con un contraste absoluto: de la leyenda a la megalópolis.

Cuándo ir: primavera (abril–mayo) y otoño (septiembre–octubre).
Duración recomendada: 12-14 días.
Zhangjiajie y sus montañas de Avatar son, probablemente, el lugar que más boquiabierta deja a una familia que lo pisa. Es de lo que más nos gusta recomendar. Si queréis saber si encaja con la vuestra —y cómo hilarlo con el resto de China—, escribidnos.
Estos cinco viajes no son catálogo: son rutas reales que hemos diseñado, recorrido y ajustado para familias como la vuestra. Y por eso ninguna se parece a otra: vuestro viaje también será único.
Preguntas frecuentes sobre viajar a Asia en familia
¿Cuál es el mejor país de Asia para viajar en familia?
No hay uno solo: depende de las edades y de lo que busquéis. Sri Lanka es seguramente el más completo y fácil para una primera vez, por sus distancias cortas, su fauna y su playa. Japón funciona de maravilla con niños algo mayores. Y si preferís algo aún más fuera de ruta, según la temporada cambia el mejor país de Asia para viajar.
¿A partir de qué edad se puede viajar a Asia con niños?
Por experiencia, a partir de los 5 o 6 años se disfruta muchísimo, siempre que la ruta tenga el ritmo adecuado: vuelos con escalas cortas, días de descanso y actividades pensadas para ellos. Para familias con niños más pequeños solemos proponer viajes alternativos por Asia más pausados, como una ruta por Indonesia (Borneo, Java, Flores y Bali), combinando naturaleza y playa.
¿Cuánto cuesta y con cuánta antelación hay que reservar un viaje en familia a Asia?
Como orientación, entre 2.750 y 5.000€ por persona según el país, la duración y la categoría de los alojamientos. Recomendamos reservar con cuatro a ocho meses de antelación, sobre todo para verano y Navidad. Como cada ruta la diseñamos a medida desde cero, el presupuesto y el ritmo se ajustan siempre a vuestra familia.

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